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lunes, 26 de junio de 2023

🔼 ¿Qué relación guardan los murciélagos y el mito del vampiro?

Se trata de una conexión milenaria motivada, en gran medida, por el aspecto de estos animales, aunque también ha estado motivada durante siglos tanto por su forma de vida como por una peculiar, confusa e imaginativa caracterización taxonómica


Primer plano de un murciélago, especie que comúnmente ha sido relacionada con el mito del murciélago ARCHIVO

Nunca tuvo el pobre murciélago buena fama en Occidente. Su aspecto curioso, así como el hecho de ser un mamífero volador de extrañísimas costumbres, que además es reservorio para un elenco de enfermedades infecciosas, le ayudaron más bien poco. Son escasos los lugares, como China, en los que el murciélago goza de algún prestigio.

Ya Publio Ovidio Nasón (43 a. e. c.-17) en sus Metamorfosis contaba que Hermes, para dar ejemplo, castigó a una de las hijas pecadoras del rey Minias de Beocia convirtiéndola en un murciélago de horripilante aspecto. En eso mismo quisieron transformar mucho tiempo después los historietistas Bob Kane (1915-1998) y Milton 'Bill' Finger (1914-1974) al multimillonario Bruce Wayne, a fin de que, entre otras cosas, infundiera el terror a los abyectos y chiflados criminales que habría de combatir. Batman iba a ser el «señor de la noche».

Se trata, obviamente, de una conexión milenaria motivada, en gran medida, por el aspecto de estos animales. Pero también incentivada durante siglos tanto por su forma de vida como por una peculiar, confusa e imaginativa caracterización taxonómica que tardó mucho en verificarse.

Los ratones voladores de la noche

Frente a lo que se suele creer, que los murciélagos fueran considerados una manifestación del vampiro fue antes por una extraña asociación entre ciencia, cultura y antropología que por las leyendas vampíricas balcánicas.

Aunque en la década de 1750 ya se habían identificado y descrito muchos animales de costumbres hematófagas, fue en ese momento cuando proliferaron en los tratados de historia natural los llamados «murciélagos vampiros», la mayoría erróneamente caracterizados como tales por mera similitud física, cuando la base de su dieta no era la sangre.

La existencia de aquellos extraños «ratones voladores» de la noche que parasitaban a otros animales fue utilizada por muchos intelectuales de la época como «prueba decisiva» de que el vampirismo era posible como forma de vida para un mamífero. Y, por añadidura, de que sobrevivir alimentándose de la sangre de otros era factible. Poco importó que esta vinculación entre vampiros y murciélagos hematófagos fuera fruto de una biología fantasiosa y descontextualizada.

No hay que perder de vista que, desde tiempos ancestrales se asumía como cierta la asociación entre sangre, alma y vida.

De Sudamérica, no de Rumanía

Todas las especies conocidas de murciélagos chupasangre proceden de Sudamérica, muy lejos de donde las crónicas sitúan a los vampiros (Europa del Este, sobre todo). Pero esto no supuso un obstáculo para los constructores de leyendas. Tampoco lo supuso el hecho de que muchas especies de quirópteros sean en realidad insectívoras y/o frugívoras, y que fueran consideradas «vampiras» o «carnívoras» por mero error.

Parte de la culpa fue de Carl von Linné –Linneo–, que en 1758 catalogó erróneamente a una nueva especie localizada en Ecuador: el Vampyrum spectrum. Aunque hoy es conocido como un «falso vampiro», el error del afamado naturalista atizó la fantasía colectiva. Proliferaron, a partir de entonces, las descripciones de murciélagos hematófagos, a los que se consideraba como seres especialmente crueles, malvados o insidiosos.

En consecuencia, los murciélagos, a los que se venía cargando de mitologías y fábulas desde los días de Ulisse Aldrovandi (1522-1605) hasta los de Georges Cuvier (1769-1832), espolearon con fuerza la imaginación de viajeros, escritores y artistas de los siglos XVIII y XIX. Aquello contribuyó a la expansión entre el vulgo de infinidad de errores, no solo acerca de la naturaleza y forma de vida de estos mamíferos, sino también, y por mera asociación de ideas, en torno a la cuestión misma del vampirismo.

La realidad es que solo se conocen tres géneros de quirópteros de costumbres completamente hematófagas, todos ellos tradicionalmente incluidos en la subfamilia Desmodontinae. Hay estudios que han probado que se corresponden a una subfamilia, la Desmodinae, de la familia Phyllostomatidae. Las especies de murciélagos vampiros de estos tres géneros (el Desmodus rotundus, el Dyphilla ecaudata y el Diaemus youngii), todas ellas sudamericanas, son más similares anatómicamente entre sí que con cualquier otra especie de quirópteros.

Por ello, los zoólogos estiman que el hábito de alimentarse de sangre podría tener un desarrollo evolutivo específico, lo cual implica que podrían compartir un único ancestro.

La metamorfosis en murciélago no fue un invento de Bram Stoker

La verdad es que los «murciélagos vampiros», así como la metamorfosis persona-murciélago, dotaba a cualquier historia que un relator avispado pusiera en imprenta de un carácter exótico, funesto, muy apreciable para la estética en boga del goticismo.

El conde Drácula no se metamorfoseaba en murciélago porque fuera ni remotamente una condición intrínseca al vampirismo balcánico que lo inspiró. Lo hacía, más bien, por un mecanismo de préstamos, intercambios y vulgarizaciones culturales de ida y vuelta, que partían de considerar a los murciélagos hematófagos como 'vampiros'.

Y esta metamorfosis tampoco fue un invento de su creador, el irlandés Bram Stoker (1847-1912), pues se trataba ya de un lugar común en los libros de viaje de la época.

Por ejemplo, el explorador y taxidermista Charles Waterton (1782-1865), en el relato de sus viajes por Sudamérica, explicó que buscaba lugares para dormir en los que pudieran habitar los 'murciélagos vampiros', esperando ser su víctima para así narrar con detalle sus costumbres. Estaba tan fascinado por ellos que los llamaba 'cirujanos nocturnos' y los perseguía con afán. En sus imaginativas experiencias, se advierten los cauces inspiradores de muchos de los cuentos vampíricos escritos a partir de 1850.

La sangre de la boca era suya

Lo cierto es que solo los datos reelaborados a posteriori parecían apuntar en la dirección de que el vampiro balcánico se alimentaba exclusivamente de sangre.

En la inmensa mayoría de las tradiciones que nos han llegado, no eran las víctimas vampirizadas quienes se decían exangües, sino que era la boca del vampiro exhumado la que se presentaba a ojos de los testigos con las comisuras de los labios ensangrentadas. Pero la realidad es que los fluidos que impregnaban la mortaja –o que rodeaban al cadáver–, dándole un aspecto inquietantemente repulsivo, no eran otra cosa que restos de putrílago comunes al proceso de descomposición cadavérica.

Del mismo modo, su aspecto 'rubicundo', e incluso su inopinada gordura, son manifestaciones no comprendidas entonces del proceso de descomposición cadavérica.

Pero es más divertido contar leyendas. Y los murciélagos, vinculados desde la Antigüedad con toda suerte de diablos, perversiones y maldades –y mal caracterizados por la ciencia del momento–, eran una opción ideal.

ENLACES:

https://www.abc.es/ciencia/relacion-guardan-murcielagos-mito-vampiro-20230623182621-nt.html

viernes, 10 de julio de 2020

🔼 La brutal persecución de católicos en Inglaterra: el terror que siguió a la marcha de los españoles

Cuando se dice que la Inquisición era uno de los tribunales europeos que ofrecían más garantías procesales, muy por encima de la justicia civil, significa literalmente que en algunos países la intolerancia, como en Inglaterra, se ejerció sin frenos ni cortapisas legales


Prisión y muerte de los diez miembros de la cartuja de Londres MUSEO NACIONAL DEL PRADO | VÍDEO: LA LEYENDA NEGRA DE LA INQUISICIÓN

La Inquisición española permanece hoy como el máximo exponente de la intolerancia religiosa en el imaginario popular. La leyenda negra , cuyos cimientos dieron forma la propaganda holandesa e inglesa, ha contribuido mucho a afianzar esta idea, escondiendo bajo el altillo los datos que demuestran que la persecución religiosa durante los siglos XVI y XVII en el resto de Europa alcanzó cifras aterradoras. Cuando se dice que la Inquisición era uno de los tribunales europeos que ofrecían más garantías procesales, muy por encima de la justicia civil, significa literalmente que en algunos países la intolerancia se ejerció sin frenos ni cortapisas legales.

Isabel I era el fruto de un matrimonio que había iniciado un cisma en la Iglesia, lo que la convertía en una bastarda en caso de que se malograra la causa anglicana.

La Reina Virgen no escatimó en violencia para mantenerse en el poder y reducir a cenizas el resurgimiento del catolicismo que Felipe II y su esposa inglesa, María Tudor , soñaron a mediados del siglo XVI.

Un baño de sangre por la intolerancia religiosa

Enrique VIII inició la persecución de católicos en 1534 con el Acta de Supremacía, que le proclamaba a él jefe absoluto de la Iglesia de Inglaterra y declaraba traidores a cualquiera que simpatizara con el Papa de Roma . Una larga lista de altos cargos de la Iglesia rechazaron este acta y fueron correspondientemente ejecutados, entre ellos Tomás Moro y el obispo Juan Fisher . Todas las propiedades de la Iglesia pasaron a manos reales.

En 1535, en plena ola de represión fueron descuartizados los monjes de la Cartuja de Londres con su prior, John Houghton, a la cabeza. Fueron ahorcados y mutilados en la tristemente célebre plaza de Tyburn , a modo de ejemplo contra una orden caracterizada por su austeridad y sencillez. El balance fue de 18 hombres, todos los cuales han sido reconocidos oficialmente por la Iglesia Católica como verdaderos mártires. Asimismo, el fracaso de una rebelión católica contra el Rey se saldó en 1537 con la condena a muerte de otras 216 personas, 6 abades, 38 monjes y 16 sacerdotes.

El sufrimiento cambió un tiempo de bando con la llegada al trono de María Tudor una vez fallecido su único hermano varón, Eduardo VI. La « reina sanguinaria » nunca olvidaría que con el divorcio de sus padres, en 1533, tuvo que renunciar al título de princesa y que, un año después, una ley del Parlamento inglés la despojó de la sucesión en favor de la princesa Isabel. Bajo el reinado de María y su marido Felipe II de España, se ejecutaron a casi a 300 hombres y mujeres por herejía entre febrero de 1555 y noviembre de 1558. Muchos de aquellos perseguidos estuvieron involucrados en la traumática infancia de María, empezando por Thomas Cranmer , quien siendo arzobispo de Canterbury autorizó el divorcio de Enrique VIII y Catalina de Aragón .

La prematura muerte de María llevó al poder a su hermana Isabel en 1558. La esposa de Felipe II designó heredera en su testamento a su hermana con la esperanza de que abandonase el protestantismo, sin sospechar que aquello iba a suponer el golpe de gracia al catolicismo en las Islas británicas. En poco tiempo Isabel revirtió todos los esfuerzos del anterior reinado y se lanzó a una caza de católicos a lo largo de todo el país. Como explica María Elvira Roca Barea en su libro « Imperiofobia y leyenda negra » (Siruela), las persecuciones de católicos ingleses provocaron 1.000 muertos, entre religiosos y seglares, en contraste con lo ocurrido en España, donde «murieron acusados de herejía menos personas que en cualquier país de Europa».

El sistema de denuncias vecinales inglés

El reinado de Isabel I comenzó restableciendo el Acta de Supremacía, que designaba obligatoria la asistencia a los servicios religiosos del nuevo culto. En caso de faltar, las sanciones iban desde los latigazos a la muerte. El Estado, no vano, promocionaba un sistema de delaciones por el que aquellos que no denunciaban a sus vecinos podían acabar en la cárcel. El objetivo no solo eran los católicos, sino también los calvinistas, cuáqueros, baptistas, congregacionistas, luteranos, menoninatos y otros grupos religiosos que, en la mayor parte de los casos, se vieron obligados a huir a América . Solo en tiempos de Carlos II de Estuardo más de 13.000 cuáqueros fueron encarcelados y sus bienes expropiados por la Corona.

En 1585, el Parlamento dio un plazo de 40 días para que los sacerdotes católicos abandonaran el país bajo amenaza de muerte y se prohibió la misa incluso de forma privada. No obstante, la represión aumentó con el fracaso de la Gran Armada de Felipe II en 1588 y el sistema de delación alcanzó niveles «que nunca soñó la inquisición». Como apunta Roca Barea, el sistema de espionaje vecinal permitió un estricto control individual y de los movimientos y viajes de conocidos, parientes y viajeros. La represión logró borrar definitivamente de Inglaterra el catolicismo en cuestión de diez años.

Toda una serie de supuestos complots católicos, siempre confusos y basados en rumores, justificaron que la Corona recrudeciera la represión de forma periódica. El gran incendio de Londres de 1666 fue achacado a los católicos y desencadenó una nueva persecución. Entre 1678 y 1681 una supuesta conjura católica atribuida a Titus Oates dio lugar a otras feroces cazas.

En paralelo a estos sucesos, Irlanda empleó el catolicismo como forma de resistencia al dominio inglés. La religión solo era un factor más en la guerra por mantener a Inglaterra a una distancia prudencial , pero elevó la violencia y el odio hasta convertir el conflicto en un baño de sangre. Se calcula que un tercio de la población irlandesa sufrió las consecuencias mortales de que Irlanda se implicara en la guerra civil de 1636 entre monárquicos y republicanos ingleses. Oliver Cromwell no tuvo nunca piedad con los rebeldes irlandeses vinculados al catolicismo, confesión hacía la que sentía cierta aversión personal.


ENLACES:

https://www.abc.es/historia/abci-sangrienta-persecucion-catolicos-inglaterra-historia-terror-empequenece-inquisicion-201703060209_noticia.html

jueves, 7 de junio de 2018

🔼 Las mentiras sobre la persecución de brujas en España, el país que no se unió a la masacre de mujeres

La actuación de la Inquisición se encaminó durante los siglos XVI y XVII a la reinserción de las acusadas de brujería en el seno de la Iglesia, más que a la pena de muerte. En el norte de Europa las ejecuciones se aproximaron a las 60.000

La leyenda negra achaca a la Inquisición española la muerte de miles de mujeres acusadas de brujería, entre otras exageraciones y cifras huérfanas de documentación. No en vano, los datos tumban la historia que los enemigos del Imperio español inventaron con el fin de desacreditar a la potencia hegemónica. Mientras que en Alemania se condenaron a muerte a 25.000 mujeres, se calculan únicamente 300 casos en España. El sur de Europa , en verdad, permaneció ajeno a uno de los episodios más oscuros en la historia del continente.

Tras el estreno de la película « La bruja » (Robert Eggers, 2016), ha vuelto a colación el debate sobre la sangrienta persecución que se desencadenó en el norte de Europa. Salvados los siglos más tenebrosos de la Edad Media , se desató a comienzos de la Edad Moderna una inesperada obsesión por la caza de brujas, porque, según sostiene el historiador Ricardo García Cárcel , se introdujo una nueva novedad en la sociedad: «la idea de que el demonio estaba en todas partes y que las brujas habían sido creadas por él».

60.000 condenas a muerte
La fiebre cazadora empezó a finales del XV respaldada, en 1484, por el papa Inocencio VIII en la bula Summis desiderantes affectibus : «Muchas personas de ambos sexos se han abandonado a demonios, íncubos y súcubos, y por sus encantamientos, conjuros y otras abominaciones han matado a niños aún en el vientre de la madre, han destruido el ganado y las cosechas, atormentan a hombres y mujeres y les impiden concebir ». Se abría la veda.

La fiebre tornó en delirante conforme avanzaban los años. «A finales del siglo XVI el problema se agravó porque la intelectualidad europea y racionalista se obsesionó con el demonio y mezcló esta idea con la de las brujas», explica García Cárcel, autor de «La Inquisición», Madrid, Anaya, 1995. A consecuencia de este fenómeno se vivieron ochenta años de terror que afectaron, sobre todo, a la Europa central, I nglaterra y a los países más avanzados. El empeoramiento del clima, las malas cosechas y la peste azotaron el continente a finales de siglo, mientras que la persecución de brujas se intensificaba coincidiendo con las crisis económicas .

Los investigadores actuales estiman que entre mediados del siglo XV y mediados del siglo XVIII se produjeron entre 40.000 y 60.000 condenas a la pena capital por ese concepto. La mayor parte de los ejecutados tuvo lugar en Alemania y los países colindantes. No obstante, la fragmentación política del Sacro Imperio Romano Germánico favorecía que cada ciudad se enfrentaba al problema por su cuenta y lo salpicara de odios locales. La tensión religiosa entre católicos, luteranos, calvinistas y demás herejías elevó la brutalidad de la persecución.

«Hay niños de tres y cuatro años, hasta 300, de los que se dice que han tenido tratos con el Diablo . He visto cómo ejecutaban a chicos de siete años, estudiantes prometedores de 10, 12, 14 y 15 años. También había nobles», escribió un cronista sobre los procesos que se llevaron a cabo en Würzburg en 1629. Las procesos masivos y el intercambio de acusaciones entre vecinos eran el pan de cada día en algunos territorios alemanes.

¿Pero realmente existían las brujas, es decir, mujeres que practicaban rituales satánicos? El mismo testimonio que se asombraba por la muerte de esos niños sostenía que no había duda de que « el Diablo en persona , con 8.000 de sus seguidores, mantuvo una reunión y celebró misa ante todos (los condenados) administrando a sus oyentes cortezas y mondaduras de nabos en lugar de la Sagrada Hostia ». Si bien la mayoría de los testimonios eran producto de la psicosis colectiva, García Cárcel no tiene duda de que existían estas prácticas en distintos rincones de Europa. «La Iglesia persiguió a las brujas porque creían que hacían una competencia terrible al propio cristianismo. Eran mujeres que afirmaban que también podían intermediar con el otro mundo », señala el historiador valenciano.

España, ¿un oasis para las brujas?
En el amasijo que conforma la leyenda negra contra España aparece destacada la imagen de la Inquisición persiguiendo a judíos, brujas, musulmanes y protestantes a través de los métodos más brutales. Sin embargo, al igual que la persecución de protestantes, la incidente de casos de brujería en España fue mínima. De todos los procesos entre 1540 y 1700, solo el 8% fueron por causa de la brujería. En total, se condenó a la hoguera por brujería a 59 mujeres en España. En Portugal fueron quemadas cuatro, y en Italia, 36.

Esto era así porque la brujería se vislumbraba, a ojos de los inquisidores españoles, un mal menor, en el que incurrían mujeres de baja extracción y ningún tipo de influencia social o religiosa. «En España este fenómeno nunca alcanzó niveles de fanatización del norte. La Inquisición moderna no alteró los procedimientos y la mecánica con respecto a las brujas», recuerda García Cárcel.

Incluso hubo eclesiásticos que descartaron la validez de los testimonios de las brujas, como el obispo de Ávila, Alfonso de Madrigal , que en 1436 afirmó que los aquelarres eran fantasías producto de drogas , o el dominico castellano y obispo de Cuenca, Lope de Barrientos , quien se preguntó «qué cosa es esto que dicen, que hay mujeres, que se llaman brujas, las cuales creen e dicen que de noche andan con Diana, deesa de los paganos, cabalgando en bestias, y andando y pasando por muchas tierras y logares, e que pueden... dañar a las criaturas», a lo que él mismo se respondía en ese texto: que nadie ha de tener «tan gran vanidad que crea acaescer estas cosas corporalmente, salvo en sueños o por operación de la fantasía».

La actuación del tribunal se encaminó durante los siglos XVI y XVII a la reinserción de las acusadas de brujería en el seno de la Iglesia, más que a la pena de muerte. Como ejemplo de condena benigna, una mujer llamada Isabel García , que en 1629 confesó ante el tribunal de Valladolid habérsele aparecido Satanás, con quien pactó la recuperación de su amante, fue únicamente castigada a abjurar de levi y a cuatro años de destierro.

Así y todo, hay que tener presente que en la Corona española la jurisdicción ordinaria y la religiosa (los obispos) contaban entre sus funciones habituales la represión de la superstición, con lo cual la mayoría de casos pasaron por sus manos y no por la Inquisición, cuyo registro era más minucioso. Parece que es evidente, con todo, que en España no alcanzó la represión de Europa Central .

Alonso de Salazar y Frías denuncia antes que nadie
Otra muestra de que el fenómeno de la brujería contaba con sus propias características en España es que, cuando la Inquisición moderna llevaba funcionando más de un siglo, surgieron aquí inquisidores racionalistas como Pérez Gil o Alonso de Salazar y Frías , que criticó el proceso de las brujas de Zugarramurdi.

Este proceso es tal vez el caso más famoso de la historia de la brujería en España y finalizó con un auto en noviembre de 1610 donde dieciocho personas fueron reconciliadas , seis fueron quemadas vivas y cinco en efigie (a través de un muñeco del tamaño de un ser humano que los representaba). «Alonso de Salazar y Frías empezó a desconfiar por primera vez de lo que las brujas decían sobre sí mismas. Empezó a considerar que todo aquello se había producido por una neurosis colectiva que había que erradicar», apunta García Cárcel.

Alonso de Salazar y Frías, que creía que los fenómenos de brujería eran historias inverosímiles y ridículas, presentó al Consejo de la Suprema Inquisición, el 24 de marzo de 1612, un informe crítico con el proceso de Zugarramurdi . Como destacó Julio Caro Baroja , el español «se adelantó de modo considerable a los que difundieron en Europa ideas concebidas en el mismo sentido», como el famoso jesuita alemán Friedrich Spee , que cargó contra la persecución de las brujas en el corazón del continente. Un resultado concreto del informe del inquisidor fue que se intentó reparar a las víctimas del auto de fe ordenando que sus sambenitos no quedaran expuestos en ninguna iglesia. Una consideración impensable en cualquier otro lugar de Europa.

ENLACES:

http://www.abc.es/historia/abci-leyenda-negra-mentiras-sobre-persecucion-brujas-espana-pais-no-unio-masacre-mujeres-201605200105_noticia.html#ns_campaign=mod-sugeridos&ns_mchannel=relacionados&ns_source=las-mentiras-sobre-la-persecucion-de-brujas-en-espana-el-pais-que-no-se-unio-a-la-masacre-de-mujeres&ns_linkname=noticia.entrevista.historia&ns_fee=pos-3


sábado, 19 de noviembre de 2016

🔼 La máquina expendedora más antigua de la historia dispensaba agua bendita


Heron de alejandria

La próxima vez que te saques una lata de Coca-Cola, una chocolatina o un condón de una máquina expendedora, acuérdate de Herón de Alejandría. Este brillante matemático e ingeniero helenístico que vivió durante el primer siglo después de Cristo en la ciudad egipcia de Alejandría -en aquel entonces provincia romana- es el artífice del invento que tantas veces ha satisfecho nuestras necesidades fisiológicas, sacándonos de más de un apuro.

La primera máquina expendedora de la historia se empleaba para dispensar agua bendita en los templos. Se trataba de un mecanismo muy sencillo, pero que hacía perfectamente su labor.

Funcionaba con una moneda de dos dracmas que se introducía en la ranura (A) para luego caer sobre la plataforma (R), que se deslizaba hacia abajo por el peso de la moneda. Así, el cable (P) se elevaba y destapaba un tapón (G), que dejaba caer el agua en el vaso del devoto fiel.

La moneda que había caído sobre la plataforma (R), iba poco a poco resbalando hasta caer en el fondo. En ese instante, se producía el proceso inverso: la plataforma volvía a su sitio y empujaba el cable (P) que volvía a cerrar el tapón. ¡Cuánto deben gigantes como Coca-Cola, Durex o Nestlé a Herón de Alejandría!

Sin embargo, no fue hasta 1883 cuando se volvió a ver una máquina expendedora de fundamento. Fue en Londres y vendía tarjetas postales.

Además de la máquina expendedora, Herón también inventó una rudimentaria máquina de vapor, la eolípila, 17 siglos antes que James Watt, junto a muchos otros inventos mecánicos. También vislumbró la ley de acción y reacción de Newton, aunque de manera arcaica, generalizó el principio de la palanca de Arquímedes, entre otros. En el terreno matemático, hizo grandes aportaciones a la geometría y a la geodesia. Vamos, todo un crac, que se diría hoy.

ENLACES:

http://blogs.lainformacion.com/futuretech/2013/06/28/maquina-bendita/